La habitación, preciosa. El hotel y los alrededores lindos.
La señalización interna para ir de un lado a otro, es escasa sí, y confusa.
Fui con mi mamá de 89 años, la piscina interior es chica, el alrededor de la misma también. Mi mamá camina sin problemas, pero la Piscina no es accesible para gente grande y sin ayuda, no hubiera podido entrar.
Nosotras intentamos cenar a las siete de la tarde, en ese horario sólo es posible hacerlo en el Bar, el mismo tenía la música, como si fuera un crucero malo del Caribe, y un televisor enorme, sacando una luz que lastimaba. En un sitio familiar es ese lugar está demás y no condice con el resto.
Por suerte, quienes trabajan, son muy amables, y a pesar de qué estaban preparando el restaurant nos dejaron cenar allí